Grabación en bucle, anclaje, y qué aguanta la lluvia
Las mejores cámaras de moto de 2026
Una cámara en una moto se compra para uno de dos trabajos bastante distintos, y llevan a productos distintos. O es una cámara de testigo que funciona siempre que funciona la moto, sobrescribe lo viejo y existe para registrar un incidente; o es una cámara de acción que se enciende para una salida que merece guardarse. La primera se juzga por fiabilidad y por una grabación en bucle que no necesita pulsar un botón; la segunda por calidad de imagen y estabilización. Un producto que dice ser las dos cosas casi nunca lo es, y la ficha dice cuál es: alimentación continua y grabación en bucle apuntan a un lado, batería extraíble y muchos fotogramas por segundo al otro. Las cifras que importan en una moto concretamente no son las que se imprimen más grandes. La estanqueidad, publicada como un grado IP o una profundidad de inmersión, y si eso vale con el puerto de carga abierto — una cámara cableada tiene un cable entrando en ella, y los fabricantes que lo han resuelto publican cómo. El anclaje, que en un casco es cuestión de adhesivo o correa y, en algunos países, de normas locales que conviene consultar; en la moto es una pinza dimensionada para un diámetro de manillar. La alimentación, si tira de la moto y qué pasa al quitar el contacto. Y el almacenamiento: el tipo y el tamaño máximo de tarjeta admitidos, y si la tarjeta está clasificada para escritura continua. Comparamos la grabación en bucle, la estabilización, la estanqueidad publicada y sus condiciones, el anclaje, la alimentación, la autonomía y el almacenamiento admitido.